jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Madre mía!



Si estás aquí esta tarde es porque conoces a Ángeles, y si la conoces, entonces la quieres. 

Toda una vida explicando en “la universidad del mostrador”, que las personas somos de “carne y hueso”. Toda una lección que pareciendo tan simple nos cuesta entender e incluso asumir.

La parte del “hueso” no hace falta recordarla, a eso nos enseñaste con mucho ejemplo y pocas palabras… simplemente diciendo “anda, déjate de telares”.

Si somos de carne… “por favor, que sea tierna”. Tantas veces te lo hemos pedido de esa manera, que lo hiciste vida en ti. Tierna en la mirada, tierna en las palabras, tierna en el trato… tierna de corazón.

¡Madre mía! Bueno, madre de cada uno de los que han encontrado en ti un hogar, un refugio, un consuelo.

Madre amable, madre admirable, madre de buen consejo, prudentísima en las opiniones ajenas, atenta y respetuosa con cada uno.

Trono de sabiduría, mística de todos los días, reina de la familia, puerta del cielo siempre abierta, causa de nuestra alegría.

Poderosa en tu sencillez, generosa con los demás, humilde y desprendida, la última para pedir, la primera que se dispone a servir.

Gracias Ángeles por enseñarnos a agradecer lo poco y lo mucho, gracias por enseñarnos a comenzar de nuevo, a tirar “pa´ lante” aunque sea cuesta arriba,  gracias por ayudarnos a “descomplicarnos”.

Madre mía y madre de todos, abuela, hermana, prima, esposa o simplemente conocida… pero, si la conoces, entonces seguro que la quieres