El 19 de Junio de 1987 se perpetró en Barcelona uno de los mayores
atentados de ETA, el de Hipercor, en él fueron asesinadas 21 personas y otras 45
fueron heridas de gravedad.
25 años después, la pregunta que nos debemos hacer es ¿Para qué ha
servido ese acto terrorista? La única respuesta es para segar la vida de aquellas
personas y de sus seres más queridos. Rasgar en dos la ilusión y la sonrisa de
aquellos que han vivido de cerca ese acto de barbarie.
Algunos se afanan en enterrar a las víctimas en el olvido, ya que su
recuerdo incomoda sus planes para el futuro y oscurece el discurso que quieren
hacernos tragar, para ello, nos invitan a no mirar el pasado.
Para unos, la actuación armada estaba justificada en respuesta al “estado
opresor”, que sólo a través de una mente retorcida se entiende, ya que como se
explica que esas personas asesinadas, escogidas al azar correspondían a ese
estado opresor. No lo podían saber y tampoco les importaba. Su objetivo era
hacer el mayor daño posible ¿y ahora qué?
Tristemente aquellos que han sufrido un atentado en primera persona,
tienen que continuar el día a día recordando ese fatídico momento que cambió sus
vidas, cuidando las heridas de su cuerpo y de su alma. En los hombros del
asesino, recaerá el peso de sus victimas y ojala no encuentre descanso.
Finalmente, aquellos que han vivido, viven y vivirán de ese sucio negocio,
tratan de “adaptarlo a los tiempos” para llevar esa vida de lujo que siempre
han pretendido llevar, con coche oficial, visa… ¿o que os pensabais que
buscaban?

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