Después de esa primera fusión, llega una segunda, formada por la caja anteriormente resultante y Unicaja. En éste caso, ninguno de los dos políticos anteriores requirieron con el mismo ahínco sus postulados, de hecho, ni tan siquiera han exigido sus anteriores pretensiones que ellos mismos habían calificado de irrenunciables.
La catadura de éstos dos personajes de la vida pública es
lamentable, ahora se despachan con argumentos tan vagos como que “hay que forjar el futuro”. Que leyendo entre líneas es que quieren resolver su propio futuro.
Lejos está el pedir responsabilidades para éstos gestores, de la caja pasada, la actual o de la que venga, que son capaces de gastar miles de euros en taxis, para acudir a un consejo de administración, sin que ninguno de ellos termine en la cárcel y devolviendo el dinero. El problema que hay es de fondo y la responsabilidad final nuestra, por haberlos votado, espero que éste lamentable desatino se pueda remediar pronto.
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