Sin duda hoy es un día en el que me siento especial, pues seré una de las tres o cuatro personas de España que no tenemos pensado ver la final del mundial de fútbol entre Holanda y España, en mi currículum ya está el no haber visto ni un solo minuto de futbol en el mundial. No me gustaría ser calificado por esto de antipatriota, pues mis motivos no se circunscriben a la bandera española.
No soy capaz de ver 90 minutos de fútbol por televisión y si alguna vez tuviera la obligación de ver un partido me gustaría que fuera del tipo solteros y casados (englobados ambos géneros) ¡eso si es un partido interesante! Ver como saltan los contendientes al campo sin haber vestuarios para cambiarse y siendo esa vez la primera que juegan al fútbol. Comprobar cómo los jugadores y jugadoras disfrutan sin necesidad de cobrar 10 millones de euros por temporada, gente anónima no necesitan camisetas iguales, ni concentración previa que no sea en el bar. El canto y gloria de esas personas no requiere una prima de 600.000 euros por lo que se les presupone que deben hacer.
Se entiende que dependiendo de los ingresos de cada negocio se repartan entre las partes implicadas los beneficios, y el fútbol genera muchísimos. Si bien es cierto que el fútbol no está exento de ciertas prebendas, pues hace ya años (cuando la tele era en blanco y negro) fue calificado de interés general, en buena lid es el circo romano de nuestro tiempo que entretiene a todos, por ello se benefician los equipos de primer nivel y pueden ser capaces de pedir un crédito millonario cuando tienen un déficit que asciende a millones de euros para fichar a un tal Cristiano, mientras que cualquier familia que no haya pagado una factura del móvil estará en la lista de morosos y tendrá que olvidarse de solicitar un crédito.
Todo el mundo sabe de la importancia de éste fenómeno que nos hace olvidar el divorcio, los hijos, los padres, los vecinos… y que a la vez es capaz de unir a enemigos aunque nada más sea por un momento. Ese instante de comunión es extraordinario y siendo realistas, es difícil encontrar otro fenómeno que sea capaz de generar tanta alegría colectiva. Este comportamiento social muestra que el futbol no deja de ser un potingue que evade de los problemas por un rato, y no es menos cierto que responde a la satisfacción de un logro conseguido, quizá por ello, todo el mundo se bautiza como seguidor del Madrid o del Barcelona porque al fin y al cabo el objetivo es ganar, les gustará el futbol pero todo el mundo prefiere que su equipo juegue mal y gane aq ue juegue bien y pierda.
En cualquier caso que disfruten del fútbol.
No soy capaz de ver 90 minutos de fútbol por televisión y si alguna vez tuviera la obligación de ver un partido me gustaría que fuera del tipo solteros y casados (englobados ambos géneros) ¡eso si es un partido interesante! Ver como saltan los contendientes al campo sin haber vestuarios para cambiarse y siendo esa vez la primera que juegan al fútbol. Comprobar cómo los jugadores y jugadoras disfrutan sin necesidad de cobrar 10 millones de euros por temporada, gente anónima no necesitan camisetas iguales, ni concentración previa que no sea en el bar. El canto y gloria de esas personas no requiere una prima de 600.000 euros por lo que se les presupone que deben hacer.
Se entiende que dependiendo de los ingresos de cada negocio se repartan entre las partes implicadas los beneficios, y el fútbol genera muchísimos. Si bien es cierto que el fútbol no está exento de ciertas prebendas, pues hace ya años (cuando la tele era en blanco y negro) fue calificado de interés general, en buena lid es el circo romano de nuestro tiempo que entretiene a todos, por ello se benefician los equipos de primer nivel y pueden ser capaces de pedir un crédito millonario cuando tienen un déficit que asciende a millones de euros para fichar a un tal Cristiano, mientras que cualquier familia que no haya pagado una factura del móvil estará en la lista de morosos y tendrá que olvidarse de solicitar un crédito.
Todo el mundo sabe de la importancia de éste fenómeno que nos hace olvidar el divorcio, los hijos, los padres, los vecinos… y que a la vez es capaz de unir a enemigos aunque nada más sea por un momento. Ese instante de comunión es extraordinario y siendo realistas, es difícil encontrar otro fenómeno que sea capaz de generar tanta alegría colectiva. Este comportamiento social muestra que el futbol no deja de ser un potingue que evade de los problemas por un rato, y no es menos cierto que responde a la satisfacción de un logro conseguido, quizá por ello, todo el mundo se bautiza como seguidor del Madrid o del Barcelona porque al fin y al cabo el objetivo es ganar, les gustará el futbol pero todo el mundo prefiere que su equipo juegue mal y gane aq ue juegue bien y pierda.
En cualquier caso que disfruten del fútbol.