Excepcional análisis elaborado por la economista Miren Etxezarreta, catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y doctora por la London School of Economics, sobre uno de los motivos de la crisis: El crédito y el endeudamiento.
En los últimos años ha disminuido la renta real de los trabajadores, lo que dificultaba las compras de los mismos. La ‘solución’ a la que el sistema recurrió esta vez era directa. El crédito era bastante fácil y barato, (siempre refiriéndonos a los países ricos) pues había pasado a constituir un ámbito de negocios interesante para la banca, debido a lo siguiente: a partir de los años setenta los bancos se encontraron con que las grandes empresas obtenían sus fondos más de los mercados financieros que del sistema bancario, por lo que su negocio no aumentaba; pasaron entonces a dirigir sus esfuerzos a penetrar en el ámbito de los créditos particulares a las familias y a las personas, en particular expandiendo el crédito para la vivienda (hipotecas) y el crédito al consumo (automóviles, electrodomésticos, viajes, etc.), lo que ha permitido que el consumo personal se haya mantenido.
Los trabajadores (incluyendo en ellos a las clases medias) han ido endeudándose más y más para mantener e incluso mejorar su nivel de consumo, especialmente los que se denominan bienes durables: compra de pisos, automóviles, muebles, sobre la base de créditos hipotecarios y al consumo; pero también los bienes de consumo cotidiano —viajes de vacaciones, ropa, diversiones, alimentos— a base de las tarjetas de crédito. Las familias de Estados Unidos son las más endeudadas, pero las de España no les van muy a la zaga. Según J. Rodríguez la proporción del endeudamiento de las familias en relación con su renta disponible pasó del 42% en 1995, a casi el 70% en el 2000 y al 110% en el 2005. El consumo ha estado manteniéndose con un fuerte endeudamiento de las familias, que era posible porque a los bancos les convenía dar créditos fáciles y baratos.
En algunos países, Estados Unidos, Reino Unido y España en especial, este crédito ha sido particularmente importante respecto al sector de la construcción y lo inmobiliario. El crédito permitió que se fuera gestando una gran actividad en la construcción de viviendas, sobre todo, convirtiéndose la construcción y lo inmobiliario en uno de los sectores más importantes de la actividad económica, impulsado por la compra de viviendas con créditos hipotecarios para residencia y para la especulación. Y generando una expansión inmobiliaria que ha constituido el elemento inmediato de la crisis financiera.
La expansión que ha permitido el crédito no se ha limitado a la construcción. El crédito barato permite aumentar la demanda de bienes y servicios, comprar más y ello estimula la producción. Este aumento de la demanda indica a las empresas que sus productos son deseados y aumentan la producción real. Es decir, la expansión financiera conduce también a una expansión en la demanda y en el ámbito de
la producción real, si bien ambas son mucho menores que la magnitud de la expansión financiera (pues una gran parte de ella no se orienta hacia el ámbito de lo real sino a la expansión y especulación en el propio ámbito financiero).
Pero el endeudamiento se tiene que pagar en algún momento, ya que endeudarse no es más que anticipar el consumo a costa del trabajo futuro. El endeudamiento supone inmediatamente un problema, pues no hay ninguna garantía de que los salarios aumentarán sistemáticamente en el futuro sino que pueden mantenerse o disminuir (que es lo que ha pasado en los últimos treinta años), con lo que estos créditos serán más difíciles de pagar. Gradualmente las familias se han ido encontrando que no podían aumentar su endeudamiento pues los salarios no subían y crecía la precariedad laboral.
Además, al aumentar los tipos de interés, que tienen un gran peso en las cuotas de las hipotecas, e ir aumentando el precio de los alimentos y el de la gasolina la situación se hace cada vez más difícil. Por lo que los más pobres con sus salarios no pueden aumentar su endeudamiento, y no pueden comprar todo lo que se produce. Más en una etapa de precios al alza.
Es decir, que como hipótesis es posible sostener que la crisis se hubiera producido incluso sin crisis financiera (aunque ahora es imposible separar ambas). La crisis financiera es como la niebla que oculta lo que hay debajo y lo empeora. Desencadena, cataliza, una crisis que ya se estaba gestando (aunque quizá no hubiese sido tan repentina ni tan fuerte).
Pero la cuestión es todavía más grave: no sólo no pueden sostener el consumo endeudándose, sino que no pueden pagar lo que les corresponde por el endeudamiento anterior. Y los más pobres, pero también parte de las clases medias, empiezan a no pagar, especialmente las cuotas de las hipotecas. Lo que va a dar lugar a que se empiece a desconfiar de los paquetes de activos financieros que se habían estado intercambiando por todo el mundo ya que cuando se analizan para ver que hay dentro se encuentran con gran cantidad de activos basura que han sido mezclados con otros activos mejores y todo el mundo de las finanzas se resquebraja. Lo que hace que se desmorone el inmenso castillo de naipes que se había ido formando en el mundo con la ingeniería financiera, que ya se ha explicado en otro tema. Cuando aparecen los primeros problemas, las instituciones financieras desconfían profundamente unas en otras, desaparecen los préstamos interbancarios (prestamos que se hacen los bancos entre sí a muy corto plazo) y todo el aparato financiero se colapsa, ya que éste se basa en la confianza entre las instituciones financieras. Este colapso hace que ninguna institución financiera dé créditos. Unos porque ya no pueden pues han perdido mucho dinero, otros porque no se fían unos de otros. Los consumidores más pobres no se pueden endeudar más, a los que tienen más medios nadie les da créditos para que puedan seguir consumiendo pues el crédito se ha congelado. El sistema financiero mundial se encuentra en una profunda crisis.
Simplificando mucho pero en sus líneas esenciales podríamos resumirlo así:
Hubo un momento en que todo parecía que iba bien porque había crédito abundante y barato. Los bancos hacían magníficos negocios no sólo prestando dinero a las empresas y particulares sino también, por medio de muy ingeniosas innovaciones financieras, vendían los valores garantizados por dichas hipotecas y otros créditos a los bancos del mundo entero, expandiendo enormemente el negocio de las finanzas (lo que se conoce como burbuja financiera). Las familias iban haciendo uso del crédito, sobre todo de las hipotecas para comprar viviendas. Algunas empresas compraban o construían, también a crédito, muchas viviendas para especular con ellas. A las empresas, sobre todo a las de la construcción, también les iba bien porque vendían muchas viviendas.
Los salarios no suben lo suficiente para absorber la producción, pero las ventas se mantienen gracias al endeudamiento (los créditos mantienen la actividad real), porque el crédito al consumo de las familias se había hecho imprescindible para los bancos. El endeudamiento va creciendo en las familias y las empresas operan cada vez más con fondos a crédito. Llega un momento en que no se pueden endeudar más ni pagar los créditos (el fallo de lo real hunde las hipotecas basura), y esto hunde el enorme castillo ficticio financiero que se había construido (lo financiero hunde lo financiero). Se hunden los activos financieros, se colapsa lo financiero y se congela el crédito, con lo que, aun los que podrían seguir comprando a crédito, sobre todo los pisos y los automóviles, no pueden seguir comprando porque no tienen crédito (lo financiero hunde lo real). Se entra en un grave círculo en el que las empresas no venden, disminuyen sus beneficios y, por tanto, disminuyen su producción, con lo que primero que hacen es reducir las plantillas e intentar disminuir los salarios. Como también pagaran menos impuestos, el sector público reducirá su gasto social. Además, algunas empresas aprovecharán de la circunstancia y de la idea de crisis para disminuir sus plantillas o deslocalizarse aunque la crisis no les haya afectado gravemente. Asimismo, el estado, como dedicará una gran cantidad de fondos a la ayuda a las empresas, especialmente a las del automóvil, tendrá todavía menos dinero para el gasto social. Con lo que son, una vez más y como siempre, los trabajadores los que van a cargar con el peso mayor de la crisis.
Apuntes teóricos para entender la crisis