Desde hace ya tiempo, y especialmente en el tiempo presente se ha llevado a cabo una modificación en la estrategia para alcanzar cualquier objetivo que uno se proponga. No importa quién sea el protagonista de dicha propuesta: persona; familia; ayuntamiento; estados… todos, absolutamente todos tratan de cumplir sus objetivos a la mayor brevedad posible y no se duda ni por un instante en cerrar los ojos y lanzarse al vacío.
Es por ello que la inmensa mayoría ha seguido el aparentemente camino más fácil, sin querer darse cuenta que en un abrir y cerrar de ojos, habían bebido el agua de toda su vida y ahora toca caminar descalzos por el desierto.
Todo era un espejismo casi perfectamente plasmado, el crédito fluía sin cesar en una espiral que nadie quería que acabara, no había remordimientos en tomar un crédito del 120% del valor de la hipoteca porque lo que ayer costaba 100 hoy vale 200 y mañana 400. En sólo 3 días cualquiera era el “rey” de las finanzas. Se generaba un empleo espectacular ¿quien se iba a atrever a decir que eso era un desastre? Ésta situación se fundamenta en escuchar los cantos de sirena que te alejan de la realidad. Era tan difícil escaparse a esa tentación, tu vecina, los amigos… todos con su vida de “ricos” y si se preguntaba qué pasa si las cosas van mal, la respuesta era fulminante, lo vendes y ya está ¡esto nunca pierde su valor!
Aparentemente todo era perfecto pero pronto sucedió lo inevitable… la crisis, que al igual que la muerte pasó por los cinco estados vitales negación, enfado, negociación, depresión y aceptación final. Dando paso a un desastre económico, y por tanto social.
El gobierno, después de medidas como los rocambolescos y fracasados planes E, ha decidido aumentar la presión fiscal y reducir drásticamente los sueldos (ya veremos cómo termina eso). Recetas, éstas últimas, nada originales y que sólo maquillan los resultados temporalmente, pues el problema real es que se ha malgastado mucho más de lo que se ha ingresado.
Y bajo ese yugo, todos los demás tenemos que achicar el crédito hipotecario que serán como las letras del camión de Manolito Gafotas (para los nietos, de los nietos…) sabiendo que cada vez es más difícil abrir un negocio o encontrar trabajo con el que tener unos ingresos. Maldito futuro el que hemos permitido crear para nuestros hijos.
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