martes, 10 de agosto de 2010

Verano, el boom de la mujer objeto.

La mujer florero es, aún hoy, uno de los mayores atractivos en las fiestas de cualquier pueblo o ciudad. La coronación empieza mucho tiempo atrás, como toda buena coronación que se precie hay que buscar una candidata que cumpla el perfil, y como en cualquier otro concurso de belleza, tiene que poseer una serie de requisitos físicos, de hecho no importan los demás. 

La carrera por ser la más guapa es de máxima preocupación, que llega a involucrar al mismísimo alcalde que corona a la dama, impone la banda y sobre todo aparece en la foto una vez más, aspecto éste que a todo “buen” político le debe importar.

Como no hay concurso sin perdedoras, el papel de éstas lo llevan las damas de honor cuyo principal cometido es ser comparadas con la reina. Carnaza para el pueblo, para que cuchicheen ¡pues la primera dama es más guapa! De esto es fácil opinar, porqué no se necesita ningún conocimiento previo, únicamente alzar la voz ¿pero cuánto daño pueden hacer con sus comentarios? La función de las damas, en definitiva, es el papel de acompañar a la mujer florero ¿más bajo se puede caer?
 
A unas y a otras se las empuja a dar ese paso, procedemos y estamos en una sociedad machista y patriarcal, en la que todavía a la mujer se le relega a mostrar sus encantos, engalanada en trajes que cuestan miles de euros y valorarlas por ello. Ellas, consciente o inconscientemente se prestan a éste juego que tan flaco favor está haciendo a la igualdad de hombres y mujeres. Se crean ministerios, concejalías… para igualdad y la pregunta es obvia ¿para qué sirven? En esos mismos ayuntamientos, se celebra el día de la mujer trabajadora (digno reconocimiento) y en la jornada siguiente se dedican a decidir quién será la reina da las fiestas, ésta doble moral banaliza la celebración de la mujer trabajadora porqué lo convierte en un mero acto protocolario.

El colmo de la estupidez, es cuando esto mismo se extiende al género masculino y se crea el “rey de las fiestas”. Retorcida interpretación de la igualdad, cuando lo que se quiere igualar es la sandez.

En contraposición, el esfuerzo de cada vez más mujeres por no ser tratadas como una mercancía perecedera, no parará y continuará despertando conciencias y generando el debate necesario para la concienciación de todos hombres y mujeres, para conseguir una sociedad más justa.

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