Hace no muchos años, era impensable que fuera la mujer quien llevara el sueldo a casa, mientras el marido se encontraba sin trabajo. Ésos tiempos, poco a poco y no sin dificultad van cambiando y el género masculino tiene que afrontar los nuevos cánones establecidos. Sin embargo, no son pocos los que encuentran mancillado su orgullo, ese forjado para no llorar y ser el macho dominante de la manada, que de aquella estaba obligado en exclusiva a ganar el sustento económico para los suyos y por contra, su mujer, quien se suponía que era suya , debía estar bajo el yugo del rol establecido. Su obligación era estar en casa con “sus labores” sin mayor aspiración que ser una esposa “ejemplar”, una madre “ejemplar” y siempre lejos del trabajo remunerado. Esclava de sus hijos, de sus padres, de sus suegros... Ya desde que eran niñas estaban marcadas para no estudiar, por prodigiosa que fuera su mente, su destino ya estaba escrito: ser madre y tener hijos.
El paulatino desarrollo integral de la mujer no ha sido fácil. Una lucha continua se sucedía en la sociedad y sobre todo, en el hogar. Ahí era dónde el padre, debía autorizar que esa niña continuara sus estudios más allá de leer y escribir, a veces las propias madres, eran las que no querían que siguieran estudiando, quizá no eran capaces de imaginar una mujer psicóloga, enfermera, química… ¿no creían en sus propias hijas?; ¿envidia? Lo más probable es imaginar que desearan para sus hijas esa vida continuista, el mismo rol llevado por ellas, “al fin y al cabo no era tan malo”… Cada vez que se escucha un relato de cualquier abuela, en el que rinde cuentas de su infancia, parece sacado de la mismísima edad media, y sin embargo es de antes de ayer: lavar en el reguerón o parir 10 veces e ir a trabajar, formaban parte de sus quehaceres. La vida de los hombres no era fácil, en realidad no era para nadie, ¿pero cuando una mujer podía ir a la cantina? Eso era territorio exclusivo para hombres. La mujer tenía muchos aspectos cercenados. Vivía en una pequeña jaula en la que no había lugar para vuelos que no fueran de baja altura. Incluso hoy esa misma jaula no ha sido aún despedazada por completo. De cualquier modo, ya se encuentran numerosos casos en los que la mujer es quien lleva la nómina a casa y no es fácil para el hombre, en realidad para la sociedad, asumir dicho cambio. En muchos casos el varón no acepta el patrón, ¡con todo lo que implica! en el que ya no hay excusas para no hacer las tareas “típicamente femeninas” como lavar, planchar, cuidar al bebe… Ahora es el hombre quien lleva el delantal, compra el pan o va a hablar con la tutora. En unos casos el hombre lo acepta con naturalidad y en otros casos no lo acepta ni a tiros.
La conformidad con éste nuevo rol no es fácil, pues todavía hoy se arrastra la cultura machista y patriarcal. Si es cierto que cada vez en menor medida, pero ahí están sus efectos, que para afrontarlos con naturalidad se requiere un ejercicio de introspección, en el que no se tiene que asumir el papel que tanto tiempo ha sido impuesto al hombre y a la mujer por separado. Sin duda esto es vital para el entendimiento entre hombres y mujeres en igualdad. Palabra maldita para aquellos que desean a toda costa, estar por encima del género opuesto. Nadie, absolutamente nadie, de viva voz, dirá que quiere estar por encima de otro, pero el problema se reconoce cuando a la mujer se le presuponen unas tareas consideradas menores, sumadas a un papel de satélite del hombre. Las personas tienen que superarse a sí mismas y hay que animarlas en esa superación, en ningún caso se debe encasillar a nadie. La sociedad tiene gran responsabilidad al respecto, pues ha hurgado dónde más le duele. Quizá el exponente visible, por tener una característica intrínseca de difusión, sea la publicidad. El fin último es “vender” un producto, utilizando para ello cualquier tipo de herramienta por mezquina que sea. Se ha usado el cuerpo de la mujer como objeto de reclamo para coches, bebidas, teléfonos… y por supuesto lavaplatos, esponjas, planchas… Hoy no se ha evolucionado nada en éste aspecto, siguen enfocando culos para anunciar zapatillas, o mujeres corriendo con escasa ropa detrás de un hombre, para publicitar desodorante. Quizá, y no me lo creo, por saturación la sociedad no reacciona ante éste uso peyorativo de la mujer y en vez de menguar, aumenta ésta mala práctica.
Cada día la presencia de la mujer en el mundo laboral es mayor, y eso se debe a la capacidad de trabajo de ellas y no a desear una cuota participativa. Se debe creer en la personas, en su capacidad de trabajo y en la igualdad de oportunidades. Una sociedad mejor, supone una implicación mayor del hombre en las tareas del hogar, no como una ayuda, sino como iniciativa propia. No con ello quiero eximir a la mujer de su compromiso, el objetivo es poner la igualdad por bandera. El objetivo es llegar a la felicidad sin tener una criada o un criado por pareja.
El paulatino desarrollo integral de la mujer no ha sido fácil. Una lucha continua se sucedía en la sociedad y sobre todo, en el hogar. Ahí era dónde el padre, debía autorizar que esa niña continuara sus estudios más allá de leer y escribir, a veces las propias madres, eran las que no querían que siguieran estudiando, quizá no eran capaces de imaginar una mujer psicóloga, enfermera, química… ¿no creían en sus propias hijas?; ¿envidia? Lo más probable es imaginar que desearan para sus hijas esa vida continuista, el mismo rol llevado por ellas, “al fin y al cabo no era tan malo”… Cada vez que se escucha un relato de cualquier abuela, en el que rinde cuentas de su infancia, parece sacado de la mismísima edad media, y sin embargo es de antes de ayer: lavar en el reguerón o parir 10 veces e ir a trabajar, formaban parte de sus quehaceres. La vida de los hombres no era fácil, en realidad no era para nadie, ¿pero cuando una mujer podía ir a la cantina? Eso era territorio exclusivo para hombres. La mujer tenía muchos aspectos cercenados. Vivía en una pequeña jaula en la que no había lugar para vuelos que no fueran de baja altura. Incluso hoy esa misma jaula no ha sido aún despedazada por completo. De cualquier modo, ya se encuentran numerosos casos en los que la mujer es quien lleva la nómina a casa y no es fácil para el hombre, en realidad para la sociedad, asumir dicho cambio. En muchos casos el varón no acepta el patrón, ¡con todo lo que implica! en el que ya no hay excusas para no hacer las tareas “típicamente femeninas” como lavar, planchar, cuidar al bebe… Ahora es el hombre quien lleva el delantal, compra el pan o va a hablar con la tutora. En unos casos el hombre lo acepta con naturalidad y en otros casos no lo acepta ni a tiros.
La conformidad con éste nuevo rol no es fácil, pues todavía hoy se arrastra la cultura machista y patriarcal. Si es cierto que cada vez en menor medida, pero ahí están sus efectos, que para afrontarlos con naturalidad se requiere un ejercicio de introspección, en el que no se tiene que asumir el papel que tanto tiempo ha sido impuesto al hombre y a la mujer por separado. Sin duda esto es vital para el entendimiento entre hombres y mujeres en igualdad. Palabra maldita para aquellos que desean a toda costa, estar por encima del género opuesto. Nadie, absolutamente nadie, de viva voz, dirá que quiere estar por encima de otro, pero el problema se reconoce cuando a la mujer se le presuponen unas tareas consideradas menores, sumadas a un papel de satélite del hombre. Las personas tienen que superarse a sí mismas y hay que animarlas en esa superación, en ningún caso se debe encasillar a nadie. La sociedad tiene gran responsabilidad al respecto, pues ha hurgado dónde más le duele. Quizá el exponente visible, por tener una característica intrínseca de difusión, sea la publicidad. El fin último es “vender” un producto, utilizando para ello cualquier tipo de herramienta por mezquina que sea. Se ha usado el cuerpo de la mujer como objeto de reclamo para coches, bebidas, teléfonos… y por supuesto lavaplatos, esponjas, planchas… Hoy no se ha evolucionado nada en éste aspecto, siguen enfocando culos para anunciar zapatillas, o mujeres corriendo con escasa ropa detrás de un hombre, para publicitar desodorante. Quizá, y no me lo creo, por saturación la sociedad no reacciona ante éste uso peyorativo de la mujer y en vez de menguar, aumenta ésta mala práctica.
Cada día la presencia de la mujer en el mundo laboral es mayor, y eso se debe a la capacidad de trabajo de ellas y no a desear una cuota participativa. Se debe creer en la personas, en su capacidad de trabajo y en la igualdad de oportunidades. Una sociedad mejor, supone una implicación mayor del hombre en las tareas del hogar, no como una ayuda, sino como iniciativa propia. No con ello quiero eximir a la mujer de su compromiso, el objetivo es poner la igualdad por bandera. El objetivo es llegar a la felicidad sin tener una criada o un criado por pareja.
El futuro

Me ha gustado cómo defiendes con tus palabras la libertad e igualdad de las mujeres, aunque no me sorprende, me consta que siempre has sido muy respetuoso, ojalá hubiera más hombres que pensaran como tú.
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