La publicidad escarba en la herida de la necesidad, ser más dependientes de aquello que anhelamos o lo que nos hace anhelar. En la mayoría de los casos cuando creíamos haber saciado nuestros deseos, vuelven a dar una vuelta de tuerca más para otra vez a empezar. El ejemplo que se utiliza en congresos o en la misma liturgia es el teléfono móvil. Primero te han creado la necesidad de tener uno, luego te crean la necesidad de tener otro modelo, pues el primigenio era un ladrillo, ese que hace tan sólo un año era el último grito y ahora lo llegan a catalogar como de la edad del pleistoceno, te das cuenta que ya no estás “on” y lo cambias por uno más pequeñito. Eso mismo sucede consecutivamente con las siguientes generaciones: del analógico al digital; de la pantalla monocromo a la pantalla a color; a la cámara de fotos; a la del video; la pantalla táctil; el GPS; el internet… ¿y todo ello para qué? En el 90% de los casos para hablar y enviar SMS, lo mismo que se hacía casi al principio, sin embargo las compañías siguen “vendiendo” nuevas prestaciones “imprescindibles”.
Por supuesto que no se puede estar en contra del desarrollo tecnológico, sin embargo el problema surge cuando el usuario es convertido a consumidor. Para llegar a convertirte en un consumidor, las empresas conocen cuales son los “puntos débiles” de la sociedad. Desde el principio de los tiempos el sexo y para ser más exactos la figura femenina ha sido uno de los máximos exponentes. Por ejemplo y recientemente una prestigiosísima marca de ropa deportiva publicita unas zapatillas deportivas por medio de un spot televisivo en el que decenas de perfectos culos de género femenino se intercalan entre unas pocas imágenes de las zapatillas. La asociación es sencilla: “con éstas zapatillas mira que culo tendrás”. ¿Se puede caer en ésta trampa? Al parecer si, pues ésta fórmula es repetida hasta la saciedad y no parece tener fin, es más, ahora se está comenzando a aplicar con la figura masculina.
Da igual cual sea el motivo publicitario, todos muestran una imagen de belleza y juventud. En ningún caso se quiere mostrar la arruga, las canas o la calvicie. Por tomar otro ejemplo, una caja de ahorros al mostrar su equipo (foto de anuncio) muestra a hombres y a mujeres: jóvenes y guapísimos, si para ello fuera poco les calzan ¡patines! Tecnología aplicada para llegar más lejos, más alto. En ésta sociedad creada no parece haber lugar para los viejos salvo en la residencia.
Por supuesto que no se puede estar en contra del desarrollo tecnológico, sin embargo el problema surge cuando el usuario es convertido a consumidor. Para llegar a convertirte en un consumidor, las empresas conocen cuales son los “puntos débiles” de la sociedad. Desde el principio de los tiempos el sexo y para ser más exactos la figura femenina ha sido uno de los máximos exponentes. Por ejemplo y recientemente una prestigiosísima marca de ropa deportiva publicita unas zapatillas deportivas por medio de un spot televisivo en el que decenas de perfectos culos de género femenino se intercalan entre unas pocas imágenes de las zapatillas. La asociación es sencilla: “con éstas zapatillas mira que culo tendrás”. ¿Se puede caer en ésta trampa? Al parecer si, pues ésta fórmula es repetida hasta la saciedad y no parece tener fin, es más, ahora se está comenzando a aplicar con la figura masculina.
Da igual cual sea el motivo publicitario, todos muestran una imagen de belleza y juventud. En ningún caso se quiere mostrar la arruga, las canas o la calvicie. Por tomar otro ejemplo, una caja de ahorros al mostrar su equipo (foto de anuncio) muestra a hombres y a mujeres: jóvenes y guapísimos, si para ello fuera poco les calzan ¡patines! Tecnología aplicada para llegar más lejos, más alto. En ésta sociedad creada no parece haber lugar para los viejos salvo en la residencia.
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