En estos días los medios de comunicación muestran las víctimas del terremoto que acaba de devastar Haití. Las imágenes captadas por los periodistas son el “trofeo de guerra” con el que se muestra al mundo el vivo estado de la muerte. Los fotógrafos compiten por tomar la instantánea más impactante, pues la competencia no deja tranquila ni a la mismísima tragedia.
Ya en el periódico, las fotografías son engalanadas con crónicas en las que prima el desastre fruto de la inmediatez del terremoto. Al lado, encima o debajo encontrarás un número de cuenta bancaria en el que podrás hacer tus aportaciones dinerarias. Incluso millonarios se atreven a hacer gala de la solidaridad.
Las actuaciones heroicas de los gobiernos, muestran su “buenismo” llevando tres sacos de arroz a un país reducido a escombros y mostrando en las mercancías de los envíos el logotipo, la bandera… un símbolo a fin de cuentas, en el que se pueda leer bien claro el benefactor de dicho envío, bajo el amparo del altruismo se esconde mostrar lo “buenos que son” y de alguna manera dar a la sociedad el jabón para que pueda lavar su conciencia.
No es éste el mejor momento para criticar la ayuda, pues es evidente que con logotipo o sin él, lo acuciante es echarles una mano, pero no me resisto a recordar que Haití ya era antes del seísmo uno de los países más pobres del planeta y que sus necesidades eran todas. Sin embargo la indiferencia internacional era evidente ¿Por qué la mirada de los países era impasible? No voy utilizar el pretexto del petróleo por lo cansino que resulta, pero la respuesta está ahí. Como ya lo estuvo recientemente con el tsunami del sudeste asiático ¿y ahora qué? ¿Quién se acuerda de todos ellos?
Tristemente la historia se repite una vez más y no será la última.
Ya en el periódico, las fotografías son engalanadas con crónicas en las que prima el desastre fruto de la inmediatez del terremoto. Al lado, encima o debajo encontrarás un número de cuenta bancaria en el que podrás hacer tus aportaciones dinerarias. Incluso millonarios se atreven a hacer gala de la solidaridad.
Las actuaciones heroicas de los gobiernos, muestran su “buenismo” llevando tres sacos de arroz a un país reducido a escombros y mostrando en las mercancías de los envíos el logotipo, la bandera… un símbolo a fin de cuentas, en el que se pueda leer bien claro el benefactor de dicho envío, bajo el amparo del altruismo se esconde mostrar lo “buenos que son” y de alguna manera dar a la sociedad el jabón para que pueda lavar su conciencia.
No es éste el mejor momento para criticar la ayuda, pues es evidente que con logotipo o sin él, lo acuciante es echarles una mano, pero no me resisto a recordar que Haití ya era antes del seísmo uno de los países más pobres del planeta y que sus necesidades eran todas. Sin embargo la indiferencia internacional era evidente ¿Por qué la mirada de los países era impasible? No voy utilizar el pretexto del petróleo por lo cansino que resulta, pero la respuesta está ahí. Como ya lo estuvo recientemente con el tsunami del sudeste asiático ¿y ahora qué? ¿Quién se acuerda de todos ellos?
Tristemente la historia se repite una vez más y no será la última.
Ya sabes Miguel que en este mundo mediatico en el que vivimos lo importante no es la noticia, sino, como la cuentas, como la adornas, y sobre todo, como describirla para que las audiencias suban uno o dos puntos.
ResponderSuprimirEs muy triste ver como el resto de organizaciones, vease gobiernos, ongs, etc, siempre aprovechan el rio revuelto para pescar (Votos, publicidad, o pasta), pero lo cierto es que dentro de unos meses los niños huerfanos de Haití, no tendrán que comer, pero los medios de comunicación y los gobiernos estarán hablando de otras cosas, porque el foco de atención ha cambiado.